
Una paciente me comenta: “Estoy muy agotada, ya no sé cómo ser mamá. Mis hijos me irritan, me agotan. Pierdo la paciencia rápido, me cuesta empatizar, conectarme con sus necesidades. Me molestan sus gritos, sus peleas constantes, sus llantos, sus exigencias y sus demandas. Cuento las horas para que se duerman y me dejen descansar. Me siento angustiada y culpable por ello.
Me falta la energía y añoro un poco de silencio, de calma y serenidad. Me pregunto qué me está pasando, cómo hago para salir de esta sensación de ahogo, culpa y angustia.”
Este sentimiento de agobio es muy







