Vida Ciencia y Tecnología, El Mercurio
Domingo 20 de Junio de 2010
Aquellos que se ausentan de cuerpo y alma, en cambio, dejan a sus retoños más expuestos a caer en conductas de riesgo.
PAMELA ELGUEDA T.
En el Chile del siglo XXI hablar del papá
proveedor y la mamá que se queda en la casa a cuidar a los niños parece
algo antiguo. Ahora la corresponsabilidad parental suena con fuerza,
impulsada por la arremetida femenina en el mundo laboral y por estudios
que muestran los beneficios que trae a los hijos tener un papá
comprometido en "cuerpo y alma". Uno de éstos es el que está
desarrollando el Consorcio Red Familia y Adolescencia (RedFam), que
componen académicos de las universidades de Chile, los Andes, del
Desarrollo y Metropolitana de Ciencias de la Educación. Se trata de la
investigación "Estilos de Crianza Parentales y Conductas Violentas en
Adolescentes y Jóvenes", que cuenta con financiamiento del Conicyt. Con
encuestas a 2.322 adolescentes de Santiago, Antofagasta y Concepción,
los investigadores indagaron en los estilos de crianza más usuales en
los padres chilenos y cómo éstos cumplen o no un rol que proteja a los
adolescentes de caer en conductas de riesgo de toda índole. En
esa indagación apareció un dato que refuerza la idea de que los papás
tienen un papel central en la crianza de los hijos: "Cuando el padre
tiene una presencia física y psicológicamente interesada, hay menos
conductas antisociales y violencia de parte de los hijos adolescentes",
explica el doctor Ramón Florenzano, director de investigación de la
Universidad del Desarrollo (UDD). Adiós al rol tradicional ¿En
qué se traduce esa presencia? Juan Carlos Ilabaca, papá de una
universitaria de 20 años y una escolar de 15, lo hizo asumiendo él la
tarea de hablar de sexualidad con la mayor: "Lo conversamos
abiertamente, porque quería que ella tuviera claro cómo ven este tema
los hombres. Quise aconsejarla para que no se deje presionar y para que
sepa cómo son los personajes con los que se va a encontrar". No
resulta extraña, en estos tiempos, esa conversación. La tendencia
actual "es que los padres no se quieren identificar con el rol
tradicional de paternidad autoritaria y anhelan una distinta, más
cercana a sus hijos", explica María Olga Herreros, psicóloga y
psicoanalista asociada al Centro de Estudios e Investigación en
Psicoanálisis Lacaniano (CEIP). Lo mismo halló la investigación
"El nuevo padre: explorando la paternidad al interior de un contexto
profesional", hecha por especialistas del Boston College Center For
Work & Family. Este estudio consistió en entrevistas a 33 padres
primerizos, que se coordinaban con sus esposas en los quehaceres de la
casa, y "querían ser más que un sostén que no interviene", explicó Brad
Harrington, uno de los autores del informe. Esa paternidad
cercana supone una oreja dispuesta a escuchar y entender a los
adolescentes. "Que comprende que los roles paternos dejaron de ser
rígidos: quien acoje no es sólo la mamá, y aquel que dice 'no' ya no es
sólo el papá. Ambos asumen esos roles y se complementan", agrega
Viviana Sosman, psicóloga clínica especialista en adolescentes y
adultos. Por eso Juan Carlos no duda en dar su opinión sobre
moda, cuando sus hijas se la piden, y tampoco en negar permisos cuando
siente que es necesario. ¿Quién manda? Pasar del papá
autoritario al ideal actual no ha sido fácil. "Ahí hay confusiones
grandes, sobre todo respecto de los adolescentes, que tienen un
discurso adulto y un hiperdesarrollo tecnológico, cognitivo y social",
agrega María Olga Herreros. Características que los mantienen
atentos a las contradicciones paternas y a usarlas en su favor.
"Enfrentan papás culposos, que quieren reparar la ausencia con bienes
materiales y que se caen de la posición paterna cuando el adolescente
los cuestiona", añade Herreros. O sea, se enredan con los límites
o aceptan que los pongan sus hijos. "En eso, hemos sido bien firmes:
las reglas las ponemos nosotros con Claudia", comenta Juan Carlos. "Yo
trabajo en la mina Anglo American, lo que me significa salir muy
temprano de la casa y llegar tarde. Por eso, de lunes a viernes se
entienden con la mamá. El fin de semana, cuando se trata de permisos
para salir, yo soy quien decide", agrega con la misma claridad con la
que le habla a sus hijas. Por eso, las hermanas Ilabaca Muñoz
saben que el papá las irá a dejar y a buscar a las fiestas. Y que si el
lugar donde se realiza el carrete le parece poco adecuado, se
devolverán con él para la casa. El
estudio del Consorcio RedFam buscó la relación entre tres estilos de
crianza delineados por el investigador Brian Barber y las conductas
violentas de los adolescentes. Ahí vieron que en Chile, quienes
son criados bajo un estilo de apoyo social (afectuoso y donde se
sienten acogidos y comprendidos) son autónomos, tienen conductas más
altruistas, y se mantienen alejados de los riesgos. Lo mismo
sucede con aquellos que se crían bajo un estilo de control conductual:
"Sus padres les dicen qué esperan de ellos y dejan claras las
consecuencias de no respetarlos". Los que quedan más expuestos a
"meterse en problemas" son aquellos formados bajo un estilo de control
psicológico: "Se da una comunicación emocionalmente cargada, donde
hacen sentir al hijo culpable", dice el doctor Florenzano. Estos jóvenes tienen más riesgo de sufrir depresión, ideas suicidas, y de caer en conductas violentas y antisociales.




