Vida Ciencia y Tecnología, El Mercurio
Sábado 27 de Marzo de 2010
Gabriela Bade
Una reacción normal frente a una situación de
estrés extremo es el miedo o quedar paralizado. Cuando son los hombres
los que "fallan", la culpa en ellos es doble. Expertos dan las claves
para enfrentar el problema y salir fortalecido.
Que una mujer llore,
grite o simplemente tenga una reacción muy nerviosa frente a
situaciones como el terremoto del 27 de febrero es parte de un libreto
socialmente aceptado. En cambio, si quien pierde el control o queda
paralizado es el hombre de la casa, es otra cosa.
Pero el miedo, el desconcierto frente a este tipo de hechos, la
perplejidad -si se quiere-, está dentro de las reacciones normales que
se espera tengan las personas que viven un evento de estrés extremo
como éste.
"Ojalá a los hombres se les permitiera quedar en shock y paralizarse,
expresar sus emociones. Estas respuestas no son de cobardía, sino de
respuesta a un fenómeno de alta intensidad", dice la psicóloga Ana
María Arón, académica de la Universidad Católica y que ha desarrollado
un intenso trabajo de contención emocional en terreno con las personas
damnificadas en Cobquecura.
"Acá la mayoría de los hombres ha reaccionado como las mujeres. Pero
ellos no pueden llorar, ni gritar. Y lo que nos han dicho después es
que están muy tensos y muy estresados", cuenta Arón.
Guido Espinoza entiende este sentimiento. "El día del terremoto me
quedé en la cama, esperando que pasara. Después mi mujer me dijo que
fuera a la puerta del departamento, mientras ella iba a la pieza de los
niños. Estábamos en eso cuando se cortó la luz y cayó un jarrón, y
aunque me preocupaba que alguien se pudiera cortar, me quedé en la
puerta. Finalmente pasó el temblor y los niños lo pasaron en su pieza.
Eso me dejó con una sensación muy rara, como de no haber atinado bien".
El juicio interno
Guido no dice haber sentido miedo, pero sí quedó con una sensación
rara. Él cuenta que en los días y semanas posteriores al terremoto lo
que hizo, o más bien no hizo, le pasó la cuenta: su estado de ánimo
estaba muy bajo. Estaba triste, desanimado. "Sentía hasta culpa de
tener que ir a trabajar, en vez de estar ayudando", dice.
También fue público el caso de Denisse Quezada, que partió a buscar a
su hijo desde Santiago a Curanipe y que no contó con la compañía de su
marido. Ella declaró en su momento que "él estaba demasiado nervioso y
no le parecía seguro" hacer este recorrido. A lo que ella dijo que "no
podía quedarse de brazos cruzados" y partió.
"Ni las mujeres ni los hombres somos perfectos y no podemos reaccionar
siempre adecuadamente. Parece que estuviera más permitido, autorizado o
fuera más legal que la mujer sí se ponga nerviosa, mientras que para el
hombre no es esperable socialmente, ni tampoco para él internamente",
dice la psicóloga Viviana Sosman.
El problema del efecto individual, según Sosman, es que "los hombres se
sienten muy rápidamente 'poco hombres' y no están acostumbrados a tener
estas actitudes de vulnerabilidad. El juicio interno puede ser muy
destructivo. Para ello se requiere que el hombre se pueda conectar con
esos aspectos catalogados de más femeninos, de angustiosos, frágiles.
Este ejercicio puede hacerlo más humano".
Lo más importante, según ambas psicólogas, es avanzar. "Todavía hay
mucho por hacer. Si se quedaron congelados en el momento del terremoto,
lo bueno para ellos es que aún pueden ayudar mucho", dice Ana María
Arón.
"Acá hay dos culpas, una que es persecutoria, que no pudo hacer nada,
que es un fracaso. Y la culpa reparatoria, que pudiera incorporar en su
vivencia lo humano y frágil que puede ser. Esto permite estar en más
armonía y perdonar más fácilmente a otros cuando esto les pasa",
termina Sosman.
La empatía del entorno"El terremoto deja en evidencia que hay cosas
que no podemos manejar", dice la psicóloga Viviana Sosman. Por lo
tanto, en los distintos ambientes en los que las personas se mueven
tiene que haber comprensión y contención con aquellos a quienes les
cuesta enfrentar estas situaciones. "En los trabajos, en las familias,
tiene que haber comprensión", sigue la psicóloga.





