
Escrito por Viviana Sosman para EMOL, El Mercurio Online.
Sabemos que afortunadamente hoy muchos
padres están cada vez más involucrados en la educación de sus hijos e
hijas.
Si desde el inicio de las vidas de sus pequeños, los papás van siguiendo
paso a paso su crecimiento, manteniendo una buena comunicación y
estando al tanto de sussentimientos y vivencias, en lo cotidiano, pueden
disfrutar desde cerca el maravilloso mundo infantil y adolescente. De
esta manera van generando una cercanía y conocimiento mutuo que se
perpetúa en el tiempo.
La relación padre-hijo es fundamental tanto para las hijas como los
hijos y una preciosa oportunidad para los papás, que afortunadamente han
ido descubriendo lo que se estaban perdiendo al dejar la crianza en
manos de las mujeres.
El educar a los hijos es una oportunidad muy enriquecedora, pero
requiere de mucha paciencia, comprensión y generosidad. Vivimos en una
sociedad en la que se resalta lo brillante, lo rápido. Domina lo
resuelto, lo fácil, lo eficiente; se busca la inmediatez, en oposición
al esfuerzo y la gratificación del logro paso a paso.Estar cerca de los
hijos, a veces, resulta difícil y cansador, pero tremendamente
enriquecedor, representa una oportunidad de crecimiento.
Escuchar detenidamente a los hijos sin inundar con lo propio, implica
saber esperar, darse el espacio para sintonizar con ‘el’ o “ella” como
alguien diferente.
La tendencia automática es casi no escuchar y suponer lo que el otro
siente, piensa y/o necesita, pasando por alto la importancia de observar
a ese ser que está ahí, que aunque sea mi hijo, tengo que darme el
trabajo de entender en sus propias necesidades.
El proceso de conocer implica detenerse para mirar a un otro distinto,
separado de mí, esto requiere por un momento dirigir la mente, detenerse
y parar para calzar zapatos ajenos. Esta bonita aventura es crucial
para la relación de los padres con sus hijos e hijas.
Se tiende a pensar que la figura paterna es más
necesaria para el hijo varón y que la madre es el principal modelo de
identificación para la hija mujer. Sin embargo, tanto la madre como el
padre son importantes para ambos sexos. El vínculo padre-hija es
fundamental para el desarrollo de la niña. El papá le enseña a
respetarse, a sentirse bonita, a relacionarse con el sexo opuesto, a
poner limites y saber cuidarse. El papá en el caso del hijo varón, es un
importante modelo para identificarse e ir aprendiendo a ser hombre en
el mundo.
Con optimismo veo en la consulta, cada vez más, papás preocupados por
sus adolescentes. Hombres capaces de contener y entender, trabajando con
esfuerzo la empatia y la aproximación al conocimiento más intimo de sus
hijos.




